Un poco de historia...

 

 La idea inicial surgió como resultado de una serie de experiencias personales vividas por su fundadora, y actual presidenta Elena Madroñal, en sus frecuentes viajes a la India. En estos viajes se pudo observar la vida de la mujer en los suburbios, en el campo, en el hogar. Se examinó su comportamiento en la casa, en la calle, en los mercados, en el templo; se vio el tipo de relaciones que establecía con su esposo, con sus hijos, con los invitados. Y se pudo constatar su despertar al mundo activo, su anhelo de aprender, de su deseo de cambiar y de procurar a sus hijos un futuro. Lo sorprendente, a los ojos de una mujer occidental, era la manera como aquellas mujeres manifestaban sus aspiraciones: con una actitud curiosa, en silencio, sin estridencias, con serenidad pero con una absoluta resolución.

 

La Asociación Rudraksha empezó a colaborar con dos organizaciones sin ánimo de lucro asentadas en estados de características políticas y religiosas distintas:  KERALA, MAHARASHTRA Entre los años 2003-2005 colaboró en un Fondo de Pensiones para Viudas en el estado de Kerala.

   

En los mismos años de 2003 a 2005, Rudraksha colaboró en el proyecto de rehabilitación de un local para instalar una tienda de Mumbai (Bombay) en el Estado.

   

  Con la experiencia adquirida, la Asociación Rudraksha empezó a plantearse la posibilidad de crear un proyecto propio de cooperación con mujeres indias. Tras una serie de reflexiones y estudios de posibilidades se decidió asentarse en la ciudad de Bodhgaya, en el Estado de Bihar, y realizar los proyectos propios:  una escuela-taller-textil, una cooperativa autogestionada y una guardería infantil.

 

 

Era indudable que las mujeres occidentales, ya establecidas profesional y socialmente en el mundo moderno, podíamos hacer mucho para ayudar a aquellas en su despertar. Pero era igualmente incustionable la serie de cosas importantes que las mujeres indias nos podían enseñar.

 

De esta manera nació la idea de Rudraksha, prioritariamente, como un acto de gratitud hacia la mujer india, por todo lo que era capaz de enseñar a través de su silencio, de su mirada, de su fuerza interior, de su amor incondicional, a la vida, y por su entrega generosa, altruista y desinteresada.